La Tierra, nuesto hogar…

Los seres humanos necesitamos entender el lugar donde vivimos. No solo por simple curiosidad, sino también para ayudarnos a sobrevivir.

El planeta Tierra es un conglomerado de elementos dispuestos de tal forma que funcionan como un todo y se sirven entre sí. Los océanos albergan vida animal y vegetal, y al mismo tiempo influyen en el clima de una región. De rocas están hechos los volcanes, pero esas mismas rocas son expulsadas durante una erupción volcánica y el hecho puede convertirse en un desastre natural.

Así es la Tierra: compleja, y aún no comprendida del todo, pero maravillosa.

Nuestros océanos.

Casi el 71 por ciento del planeta está cubierto de agua. El gran océano que baña las masas de tierra es inmenso y está lleno de seres tan grandes como la ballena azul y tan pequeños como el plancton. 5 océanos conforman el océano del mundo: el Ártico, el Antártico, el Pacífico, el Atlántico y el Índico.

La dinámica oceánica es tan diversa como la de la tierra. Las profundidades eternas de la fosa de las Marianas contrastan con las orillas de las líneas costeras, y en su superficie enormes glaciares han sido vistos a flote. Debajo se hallan cordilleras, montañas y volcanes, algunos más grandes de los que se han visto sobre el suelo terrestre.

Los océanos, plenos de vida y riquezas, son tesoros de magnitud invaluable para el hombre.

Nuestro Clima

Objeto de innumerables conversaciones, el clima de la Tierra es uno de los elementos que permiten al ser humano habitar este planeta. La inclinación con respecto al Sol, la rotación sobre su eje, su cercanía con el astro rey y otros factores determinan los diversos climas de los que gozamos y permiten el agradable ambiente que nos impide morir de frío y sucumbir ante un intenso calor.

No todos los climas del planeta son iguales.

Existen cálidos, templados y polares, así como tropicales húmedos, áridos, semiáridos, subárticos y continentales, entre otros, en función de elementos como las precipitaciones, la nubosidad, la humedad y la presión atmosférica, sin olvidar la influencia del ciclo del agua.

De vez en cuando, las condiciones climáticas se conjugan para dar lugar a fenómenos magnánimos y a menudo temidos. El cambio climático, los monzones y los eventos de La Niña y El Niño nos recuerdan que estamos a merced de la naturaleza.

Nuestras montañas

Arriba o abajo del mar. Ahí crecen las montañas, prácticamente en cualquier continente, sea frío o cálido. Una quinta parte de la superficie de la Tierra está dominada por estos grandes montículos que brindan paisajes espectaculares y forman parte del relieve. Su conjunto puede ser llamado cordillera, sierra o cadena montañosa, y en sus laderas crecen frondosos bosques o verdes pastizales donde numerosos animales encuentran alimento y refugio.

Una montaña es recuerdo de los movimientos de las placas tectónicas y de la cultura en la que se circunscribe. Los Alpes europeos, el Aconcagua y el altísimo monte Everest son solo algunas de las más famosas montañas y se han convertido en orgullo de sus tierras.

Nuestros volcanes

Cuando los volcanes escupen su material, los humanos no pueden dejar de mirarlos con una mezcla de fascinación y temor. Su imponente belleza es innegable, pero también lo es su poder destructivo. Muchos sitios del mundo han expirado ante erupciones violentas, naciendo así historias increíbles.

La sonora erupción del Krakatoa, la catástrofe del Vesubio o la impresionante potencia del derrumbe del Santa Helena son eventos que han quedado grabados en la memoria del hombre a través de los años. Algunos más apacibles como el Kilimanjaro y el Fuji son admirados en sus culturas, y muestran que los colosos no siempre son violentos.

Los desastres naturales

Alejada de los deseos y sueños humanos, la naturaleza actúa por su cuenta. No tiene contemplaciones cuando de expulsar el magma se trata, ni de soltar fuertes lluvias durante las tormentas eléctricas. Si el agua, la tierra, el fuego, el viento, la nieve, los rayos gamma o los asteroides actúan, el hombre solo tiene la posibilidad de prevenir su propia pérdida.

Los desastres naturales son eventos de gran fuerza y poder destructivo, resultado de fenómenos naturales que pueden ser influenciados por actividades del ser humano. A lo largo del tiempo, fuertes huracanes, terremotos, tornados, tsunamis, avalanchas, erupciones volcánicas, sequías y ventiscas han dejado huella en las poblaciones humanas, y nunca dejarán de azotar el planeta.

Nuestras islas

Una isla puede ser epítome del paraíso tropical, pero sus características son tan variadas que es imposible reducirla a ello. Las islas son pequeñas masas de tierra rodeadas de agua que se encuentran en todos los océanos del mundo, y que muchas veces acogen fauna y flora única y especial.

Algunas islas son inaccesibles, pero a otras, como las de Japón, no las limita su pequeño espacio. Su formación es obra de los movimientos internos del planeta y así como pueden surgir intempestivamente, pueden desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.

Nuestros cuerpos de agua

Océanos, mares, lagos, lagunas, arroyos, aguas subterráneas, humedales, pantanos, ríos y canales son solo algunos de los cuerpos de agua que posee la Tierra y nos proveen el líquido vital para la supervivencia. Tan importantes como bellos, tan plácidos como tempestuosos o tan diáfanos como turbios, todos tienen características destacables. Gracias a ellos bebemos, nos limpiamos, nos purificamos y hasta nos divertimos.

Gracias a ellos sobrevivimos.