Los Voladores de Papantla.

Pájaros de la tierra.

Ritual milenario de los indígenas mesoamericanos, danza de colores iridiscentes y ejecución de complejos movimientos. La danza de los voladores de Papantla es hoy eco del misticismo de los antiguos pobladores de América

Los indígenas totonacas cuentan que hace mucho tiempo, en una región llamada Totonocapan sobrevino una temporada de desoladora sequía y los cultivos no producían el alimento necesario. Por eso, los sabios de la región pidieron a cinco hombres jóvenes y vírgenes internarse en la vegetación y buscar el árbol más alto y recto para honrar al dios de la fertilidad Xipe Tótec y que éste se apiadara de todos. Así lo hicieron, y después de súplicas y oraciones, condujeron el árbol sin que éste tocara el suelo hacia un sitio idóneo para su ritual. Cortaron el árbol y lo dejaron tan liso como una joven rama, cavaron un agujero, fijaron el palo ahí y se aseguraron de bendecir el lugar con ofrendas variadas. Después, los hombres danzaron en los aires.

Papantla de Olarte
Es una ciudad en el norte del estado mexicano de Veracruz. En lengua náhuatl, Papantla significa “lugar de pájaros muy ruidosos”:
Papan: Ave bulliciosa.
Tlan: Lugar.

La danza de los voladores de Papantla es un ritual asociado a la fertilidad, que los nativos totonacas realizaban todos los años. Sus orígenes se remontan al Preclásico Medio mesoamericano, entre 1200 y 400 a.C. y se extendió como rito hasta otras culturas mesoamericanas, encontrándose indicios de su ejecución hasta Guatemala. Para los mexicanos, es motivo de orgullo e identidad cultural.

Surcar los aires

El ritual inicia desde que los hombres inician la búsqueda del árbol, y no desde que comienzan a bailar en el tronco. El caporal, la autoridad máxima del grupo de hombres danzantes, es quien selecciona el árbol que ha de cortarse, el cual debe medir entre 18 y 30 metros de alto. Una vez hecho esto, todos bailan alrededor del tronco e inclinan el cuerpo para pedir perdón, expulsando aguardiente de la boca en dirección a los 4 puntos cardinales.

Después de cortar y limar la superficie del tronco, los hombres lo transportan con ayuda de otros troncos, cuidando que no toque el suelo ni mujer alguna, ya que se cree que si esto sucede, provocaría mala suerte sobre la población. Al llegar al lugar de la danza, el palo es fijado a un orificio y se le añade una escalera de cuerda para facilitar el ascenso a la punta.

Ahora sí, el baile puede comenzar. Los danzantes lucen un atuendo especial para la ocasión, de colores vibrantes y tocados llamativos. Esta vestimenta simula en el cielo el vuelo de las aves y el color rojo la sangre de quienes han caído “en el vuelo”. Los listones y demás abalorios se relacionan con la primavera y la naturaleza.

Los hombres suben al palo, el cual tiene el tecomate giratorio que es el punto de apoyo de los voladores y un bastidor desde donde se lanzan al vacío. El caporal, sin nada más que un tambor y una flauta, se posiciona en la punta del palo y rompe el silencio con una música de notas prehispánicas. Los danzantes entonces saltan sujetados con cuerdas, mientras el caporal añade cada vez más complejidad a su música y baile. El asombro crece conforme los hombres giran con los brazos extendidos, con el rostro hacia el cielo y ocasionalmente, con las puntas de los dedos tocando las plantas de los pies.

Los 4 danzantes voladores simbolizan los 4 puntos cardinales y su descenso hasta el suelo significa la caída de la lluvia que los indígenas añoran. Cada sonido del caporal indica a los danzantes un tipo de acrobacia, girando 13 veces de acuerdo con los 13 cielos del dios sol y que, multiplicando por 4, resulta en 52, que es el número de un ciclo  completo en el calendario prehispánico solar.

Los voladores de hoy

Rostros asombrados, ojos sin pestañear y alguna que otra boca abierta decoran el suelo. Un público que siente en el cuerpo y en la mente una intensidad nunca antes experimentada, al presenciar una expresión artística que siglos atrás fue transmitida de generación en generación.

Hoy este ritual ha sido difundido en tierras mexicanas y en otros países, transformándose en un espectáculo valioso para el turismo. Pero, de ser realizado en gran parte de México, hoy es practicado habitualmente en zonas de Puebla y especialmente en Veracruz, en una pequeña ciudad llamada Papantla de Olarte. En este lugar la danza de los voladores es una tradición eterna y es por ello que sus danzantes adquirieron renombre, lo que propició que el ritual sea conocido como “los voladores de Papantla”.Papantla. Tradición Mexicana.

Los danzantes comienzan a practicar desde su más tierna infancia, en palos de 10 o 12 metros de altura que después son reemplazados por los de mayor longitud. En espectáculos turísticos el palo de madera se ha sustituido por una estructura de metal y el ritual se concentra únicamente en el baile.

Sin duda, el sincretismo cultural entre los nativos mesoamericanos y los conquistadores europeos propició modificaciones en su concepción primera: ya la vestimenta tradicional puede incluir ropa occidental, ya el transporte del madero puede carecer de la importancia ancestral y ya el ritual puede tener un carácter más lúdico que sagrado, pero hoy está más vivo que nunca. Tan es así, que en 2009 el rito fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Si tienes la oportunidad de presenciar su magia, disfrútala, porque nunca la olvidarás.

La Cumbre Tajín

Un lugar perfecto para ver el ritual de los voladores de Papantla es la Cumbre Tajín, un maravilloso espectáculo que difunde desde 2000 las representaciones artísticas y culturales de la zona arqueológica de Tajín, cercana a Papantla de Olarte. Arte, música y cultura se intersectan para mostrar lo mejor de la cultura totonaca por medio de talleres, conferencias y diversas muestras.

Saber más: http://cumbretajin.com/2014/.