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Tormenta de Arena

Por Equipo de redacción. 11 enero 2023
Tormenta de Arena

Una tormenta de arena es un fenómeno meteorológico en el que intensos vientos levantan la arena y otros materiales del suelo seco, y lo transportan a kilómetros de distancia. No obstante, el material transportado puede ser también polvo; en este caso se le conoce como tormenta de polvo. Lo único que cambia es el material.

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Definición de tormenta de arena

Estas tormentas pueden ser tan impresionantes como aquellas dominadas por la lluvia. Transportan partículas muy pequeñas, pero algunas llegan a alcanzar hasta 1,000 micrómetros. Pueden moverse con rapidez a través de grandes regiones, lo que en algunas ocasiones permite que las partículas se muevan de un país a otro u otros. Las grandes nubes de polvo o arena se levantan a varios metros de altura, y particularmente el polvo puede ser levantado a unos 6,100 metros.

La mayoría de las tormentas de polvo o arena se producen en Australia, Asia central, África central y Norteamérica y son más comunes en lugares áridos y propensos a las sequías, pero ninguna región es inmune. Lo cierto es que los principales orígenes del polvo en el planeta son las tierras secas del norte de África y la península Arábiga. Los haboobs son fuertes tormentas de arena que se producen en las regiones áridas y semiáridas, especialmente en el área del desierto del Sahara y a través de Oriente Medio.

Causas de las tormentas de arena

Estas tormentas son resultado de una combinación de factores del clima, el tiempo y el viento. Por razones obvias, suelen tener lugar en aquellos sitios con una cantidad considerable de polvo o arena, sin importar el origen de estas; por eso, el desierto del Sahara y los países del centro de Asia, de clima mayormente árido y cuyo suelo es seco o propenso a las sequías, son azotados con frecuencia. Cuando un viento pasa por encima de un suelo o una superficie cubierta de polvo o arena, las partículas sueltas se mueven cerca de la superficie del suelo. La intensidad del viento puede ser de tan solo 14.5 kilómetros por hora como para levantar partículas finas.

Conforme la fuerza del viento aumenta, las partículas comienzan a vibrar y luego experimentan un fenómeno conocido como saltación, que se produce cuando son removidas del suelo, transportadas y después regresadas a la superficie. A medida que golpean contra el suelo se fragmentan en trozos más pequeños, lo que aumenta la cantidad de polvo o arena, y las partículas más finas quedan en suspensión y entonces empiezan a viajar con el viento. Además, la saltación crea un campo eléctrico estático por fricción pues las partículas, al chocar entre sí y contra el suelo, adquieren una carga negativa mientras que la superficie gana una carga positiva. Si logra ser transportada, la arena se mueve a través del viento y viaja con este. Las condiciones para que una tormenta de este tipo se produzca varían en función de la zona.

En Australia, por ejemplo, se forma cuando el viento sopla a 30 kilómetros por hora o un poco más, y persiste si la atmósfera es inestable, ya sea por un frente frío, por un calentamiento intenso o un canal de baja presión, entre otras condiciones. Aunque las tormentas de polvo y arena son eventos naturales, los expertos están preocupados por la injerencia, cada vez mayor, de las actividades del hombre en las tierras y que aumentan el riesgo de su formación. Las prácticas agrícolas irresponsables, que promueven la salinización, la erosión y la desertificación, así como el pastoreo excesivo, dejan el suelo sin cubierta forestal que lo proteja, y a merced de agentes geológicos externos que lo pueden fragmentar.

Aparentemente, las tormentas de arena del Sahara han aumentado 10 veces desde la década de 1950. No obstante, según las Naciones Unidas y otras organizaciones, en el documento Global assesment of sand and dust storms (2016), las emisiones de polvo global de la actualidad provienen de fuentes naturales y no antropogénicas.

Efectos de las tormentas de arena

Uno de los efectos más inmediatos es la pérdida de visibilidad. La arena y el polvo, aun en partículas minúsculas, pero en volumen masivo, bloquean la luz, lo cual es peligroso para las personas que se encuentran en medios de transporte. Según la intensidad, las partículas llegan a golpear fuertemente, dañando estructuras endebles y afectando incluso el cuerpo humano.

Las tormentas pueden ocasionar algunos problemas de salud, desde asfixia hasta queratoconjuntivitis seca, si la arena o el polvo se introducen por la boca, la nariz, los ojos o los oídos. Tras una exposición continua a las tormentas de polvo, aumenta el riesgo de cáncer de pulmón. Las tormentas también acarrean microorganismos o esporas de virus capaces de provocar infecciones. En la naturaleza, los microorganismos transportados pueden afectar cultivos y el polvo que se deposita sobre el agua bloquea la luz solar y permite la proliferación de limo, lo cual, si crece demasiado, también impide la llegada de luz solar en hábitats marinos, como los arrecifes de coral. Entre las afectaciones está, por supuesto, el impacto económico.

Al perder su materia orgánica y las pocas partículas fértiles, el suelo agrava su situación, y pueden perderse miles de hectáreas de cultivos y muerte de animales domésticos, sin dejar de mencionar las pérdidas monetarias. Si el polvo perjudica el sistema climático, cabe la posibilidad de que las sequías se agraven. Aunque una tormenta de arena puede ser algo impresionante de ver, por lo general no se le toma mucha importancia en varias partes del mundo, ya que sus efectos no son inmediatamente catastróficos.

Resumen

Se estima que cada año 20 millones de toneladas de polvo son arrastradas desde el Sahara hasta la cuenca hidrográfica del Amazonas. Los remolinos de arena o polvo se diferencian de las tormentas porque duran menos y se producen en zonas de menor extensión. Pueden alcanzar hasta 100 metros de diámetro y 300 metros de altura.

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